Historia del Whisky

La historia del whisky data desde el año 1405 en Irlanda, en donde se dice que lo destilaban los monjes en sus monasterios. Pero también se encontró el primer registro de la utilización de la palabra Usquebaugh en 1494 en donde John Cor adquirió alrededor de 6 fanegas del preciado líquido. Usquebaugh o uisge beatha en gaélico escoces, es el significado que da a la palabra aqua vitae del latín y agua de vida en español (La palabra Whisky no se utilizó hasta el siglo XVIII). Y aunque aparecen en historias y escritos tanto irlandeses como escoceses se sabe que su existencia es mucho más antigua que los registros. Irlanda y Escocia siempre se han disputado la paternidad del whisky y ambos afirman haberlo creado, es por eso que el verdadero origen del agua de vida es hoy en día un misterio sin resolver. Pero lo que sí se sabe con certeza es que fueron los monjes los que destilaron whisky, pues poseían los conocimientos, el tiempo necesario y sobre todo los recursos para poder elaborar bebidas alcohólicas como la cerveza. 


En la edad media los alquimistas creían que destilando llegarían a encontrar la fórmula perfecta para el elixir de la vida eterna. Si bien no lo lograron, lograron hacer Whisky. Que fue considerado una medicina para cualquier dolencia de la carne, el espíritu y por ende también, como tónico para prolongar la vida. Para 1506 las autoridades de Edimburgo establecieron que el agua de vida podía ser comercializada solamente por barberos o cirujanos, es decir, que, al ser considerada una medicina, esta debía ser tratada solo por profesionales. Pero algunas visitas del rey Jacobo IV en Inverness, según sus archivos reales muestran cierta discrepancia en lo que respecta a la compra del agua de vida. Al parecer el rey solía enfermarse continuamente en todas las épocas del año y sin reparo alguno, un dato un tanto curioso ¿no? Más tarde en el Siglo XVI, Enrique VIII comenzó a expulsar a los monjes de los monasterios por una cuestión estrictamente católica. Esto provocó que estos conocedores de la destilación rondaran por todo el territorio escoces esparciendo sus conocimientos sobre el agua de vida. Pronto el whisky se convirtió en parte de la vida cotidiana de todo hombre en esas tierras. El excedente de cebada hizo que los campesinos produjeran cada vez más y más, a tal punto que el agua de vida se convirtió en un ingreso importante para su canasta familiar. Está claro decir que por aquel entonces el preciado líquido no era como hoy lo conocemos, era una especie de agua ardiente transparente, pues se consumía ni bien salía del alambique en donde se había destilado. Usualmente se utilizaba miel de brezo y algunos botánicos para poder beberlo. Tenían una manera muy particular de asegurarse que lo que hacían estaba en los límites del alcohol adecuado. Utilizaban una mezcla con ciertas proporciones de pólvora, agua y whisky. Si no se lograba encender la mezcla, la graduación alcohólica estaba por lo bajo de la requerida, por lo contrario, si encendía y daba como resultado una llama transparente y continua, era la proporción adecuada. Y si explotaba al ser encendida sobrepasaba los límites de alcohol adecuados. Si bien estos métodos nos podrán parecer un poco precarios, es bueno decir que funcionó con bastante acierto en aquella época. 


En el siglo XVII el Whisky se instaura en la sociedad escocesa de lleno. Todo era una buena excusa para beberlo: una boda, la entrada a un oficio e incluso un nacimiento, del cual al recién nacido se le daba unas gotas del preciado líquido. Pero como siempre sucede en las historias felices siempre aparece una época oscura. En 1707 Escocia se une completamente a Inglaterra, por lo que se prohíbe el Kilt y su tartán, la gaita y todo aquello relacionado al estilo de vida de un hombre de las tierras altas. Inglaterra impuso el Malt Tax, por lo que los destiladores comenzaron a utilizar muchos más granos, que eran mucho más baratos y, por ende, menos cebada malteada. Poco a poco la demanda de Whisky fue incrementando en toda escocia, pero la prohibición de la elaboración del agua de vida por la escasez de cereales entre 1757 y 1760 dio inicio al contrabando del whisky. Esta actividad ilícita se mantuvo por un siglo aproximadamente, pues los escoceses lo veían como un acto de rebeldía ante un reino que no querían. En 1777 en Edimburgo había solo 8 alambiques con licencia y más de 400 ilegales. Aunque resulte algo contradictorio, los contrabandistas podían ofrecer un whisky de más calidad que los legales, pues no pagaban ni un solo impuesto en materia prima y podían realizar el destilado sin pensar en costos desproporcionados. Pero, así como los contrabandistas fueron creciendo, también lo hicieron los inspectores, por eso una ubicación alejada con una buena fuente de agua era un lugar perfecto para la destilación ilegal.

En un caballo cargaban la cosecha de la cebada que iría directamente a empaparla en la fuente de agua más cercana para luego llevarlas a cuevas ocultas y permitir la germinación. El secado se realizaba con carbón de turba, combustible natural que abunda en toda Escocia. Como el humo delataba la actividad ilícita, se solía canalizarlo hacia una vivienda cercana, pues también la turba se utilizaba para calentar los hogares en aquellos tiempos. Otra manera de despistar a los inspectores o ganar tiempo, era encender varios fuegos alrededor jugando con el azar. Una vez seca la cebada se llevaba a un molino cercano para la molienda. Al mezclar la harina resultante con agua caliente se creaba el mosto azucarado al que le agregaban levaduras naturales para fermentar y finalmente destilar dos veces en alambiques ocultos. El instrumento más caro era el serpentín (un tubo en forma de espiral por el cual se condensan los vapores y se obtiene el líquido destilado). Cuando dicho serpentín se gastaba, el dueño lo retiraba y lo dejaba donde destilaba ilegalmente, llamaba al inspector recaudador para indicarle aquel falso hallazgo. Este le daba como recompensa 5 libras por haber revelado el escondite y con ese dinero compraba otro nuevo.


Es así como estas tretas empezaron a declinar al estado. No recaudaban nada, el destilado ilegal era cada vez mayor y era de mucha mejor calidad que el legal, que ahogado de impuestos ni siquiera podían vender sus productos. A toda esta anarquía imperante había que ponerle un límite y encausarla, es por eso que hace aparición un poderoso y acaudalado terrateniente llamado Alexander Gordon, un amante del whisky ilegal. Alexander entendía que hacía falta un poco de sentido común y una ley equitativa. En 1820 presentó una propuesta que fue aprobada en 1823. La ley legalizaba a todo destilador que sacara una licencia a cambio del pago de una modesta contribución por cada galón producido. El primero en producir legalmente bajo este nuevo marco fue George Smith (destilería The Glenlivet) y le siguieron más de 200 destiladores entre 1823 y 1860, que formaron la base de la industria moderna del whisky. Así, la destilación ilegal comenzó a bajar sus números, pues no podía igualar la calidad ni los precios de las legales. Pero estos nuevos tiempos traerían cambios y junto con ellos una nueva forma de ver al whisky como se lo había conocido hasta entonces, pues aparecerían en escena los whiskies de mezcla o blends. Se considera que el whisky de mezcla, también conocido como "blended whisky", comenzó a producirse a mediados del siglo XIX, alrededor de la década de 1850. Antes de esa época, el whisky era principalmente de malta pura, elaborado a partir de un solo tipo de grano, generalmente cebada. Sin embargo, la creciente demanda de whisky y la necesidad de producirlo a un precio más económico impulsaron el desarrollo de técnicas de mezcla.

El alambique Coffey, también conocido como alambique continuo Aeneas Coffey, revolucionó la producción de whisky en el siglo XIX. El alambique Coffey surgió a principios del siglo XIX como una alternativa más eficiente a los alambiques tradicionales. Los diseños anteriores de alambiques continuos como el alambique de Aeneas Coffey fueron creados por Anthony Perrier (1822) y Robert Stein (1826). Pero, una innovación clave se produjo en 1830 cuando Aeneas Coffey recibió una patente por su diseño mejorado de alambique continuo. Este diseño mejoró significativamente la eficiencia y consistencia de la producción de whisky. La capacidad del alambique Coffey para producir bebidas espirituosas de cuerpo más ligero con mayor contenido de alcohol lo hacía ideal para la producción de whisky de grano. Esto, a su vez, llevó al surgimiento de los whiskies mezclados, que combinan whisky de grano con whisky de malta para obtener un sabor más suave. Hoy en día este alambique sigue siendo una parte importante de la producción de whisky, particularmente para los whiskies de grano. Allanó el camino para los procesos de destilación modernos y continúa influyendo en la producción de whisky en todo el mundo.

La primera empresa en comercializar un whisky de mezcla a gran escala fue Andrew Usher & Co. en 1863, aunque hay poca evidencia que diga que fueron los primeros en hacerlo, ya que muchos otros salieron a la luz casi al mismo tiempo. Pero lo que si se pueden adjudicar es que fueron los primeros en la exportación del whisky escoces. La mezcla de whiskies de malta con whiskies de grano más ligeros y económicos permitió a los productores elaborar un producto más consistente y accesible para un público más amplio. Además, la mezcla también permitió crear una mayor variedad de sabores y perfiles aromáticos. 


En la actualidad, el whisky de mezcla es el tipo de whisky más popular del mundo. Se estima que representa alrededor del 90% del consumo mundial de whisky. Algunas de las marcas de whisky de mezcla más conocidas incluyen Johnnie Walker, Ballantine's, Chivas Regal y J&B. Es aquí donde retrocedemos a sus inicios nuevamente y nos enfocamos en los denominados Barones del Whisky. Los barones del whisky fueron figuras influyentes que impulsaron la industria del whisky escocés a finales del siglo XIX y principios del XX. Estos empresarios visionarios no solo poseían y operaban destilerías, sino que también desempeñaron un papel crucial en la comercialización, distribución y globalización del whisky. Entre los barones del whisky más destacados se encuentran: 

Johnnie Walker: Fundador de la famosa marca Johnnie Walker, Walker fue pionero en la mezcla de whiskies de diferentes destilerías para crear un producto suave y consistente. Su innovación lo convirtió en uno de los principales exportadores de whisky escocés del mundo. 

James Buchanan: Buchanan fue otro pionero de la mezcla de whiskies y fundador de la marca Buchanan's. También fue un defensor acérrimo de la calidad del whisky escocés y jugó un papel importante en el establecimiento de estándares de producción. 

George Ballantine: Ballantine fue el fundador de la marca Ballantine's y un firme defensor del envejecimiento del whisky en barricas de roble usadas. Su enfoque en la calidad y el envejecimiento ayudó a establecer la reputación del whisky escocés como un producto de lujo. 

William White & Co: Esta empresa familiar, fundada por William White, fue una de las primeras en exportar whisky escocés a gran escala. Su red de distribución global ayudó a popularizar el whisky en todo el mundo. 

Chivas Brothers: Chivas Brothers, fundada por los hermanos James y John Chivas, es conocida por sus whiskies de alta gama, como Chivas Regal. La empresa se ha destacado por su enfoque en la artesanía y la tradición. 

Los barones del whisky no solo transformaron la industria del whisky escocés, sino que también contribuyeron significativamente a la economía y cultura escocesa. Su legado continúa vivo en las marcas de whisky que crearon y en las tradiciones que ayudaron a establecer. A continuación, recorreremos sus breves historias, para entender un poco el origen de estos pioneros en la industria. 

Hablemos un poco de Johnnie Walker: La historia de Johnnie Walker comienza en 1820, el hijo de un joven granjero abrió su propia tienda de comestibles en la próspera ciudad de Kilmarnock. Su padre había muerto el año anterior y la finca se vendió. Fue un movimiento inteligente. En aquellos días, la mayoría de las tiendas de comestibles tenían una línea de whisky de pura malta, pero nunca eran consistentes. Esto no fue lo suficientemente bueno para John. Entonces comenzó a mezclarlos para crear un whisky que siempre sabía igual de bien. Su talento para la mezcla y su don para los negocios pronto lo convirtieron en una figura reconocida en la industria del whisky escocés. En 1870, su hijo Alexander Walker se unió al negocio familiar y juntos elevaron la marca Johnnie Walker a nuevas alturas. Alexander introdujo la icónica botella cuadrada y la etiqueta inclinada, y también amplió la gama de whiskies Johnnie Walker para incluir Red Label y Black Label. La innovación y el espíritu emprendedor de la familia Walker convirtieron a Johnnie Walker en una de las marcas de whisky más populares del mundo. Hoy en día, Johnnie Walker se disfruta en más de 180 países y sigue siendo un símbolo de calidad y tradición escocesa. Johnnie Walker es más que una marca de whisky, es un legado que se ha transmitido de generación en generación. La historia de Johnnie Walker es una historia de innovación, emprendimiento y pasión por el whisky. 



Ahora un poco de Buchanan´s: La historia del whisky Buchanan se remonta a 1884, cuando James Buchanan, un empresario escocés con un talento natural para la elaboración del whisky, fundó la empresa James Buchanan & Co. en Glasgow. James Buchanan era un apasionado del whisky y estaba convencido de que podía crear un whisky escocés blended superior que se diferenciara de los demás. Su visión se basaba en la mezcla de whiskies de diferentes destilerías para crear un producto suave, equilibrado y complejo. La empresa pronto ganó reconocimiento por la calidad de sus whiskies, y en 1895, Buchanan recibió un pedido especial del Príncipe de Gales (el futuro Rey Eduardo VII). Este pedido, conocido como "Scotch Whisky, Specially Selected", consolidó la reputación de Buchanan como uno de los mejores productores de whisky de Escocia. A lo largo del siglo XX, Buchanan's continuó creciendo en popularidad y se convirtió en una de las marcas de whisky escocés más vendidas del mundo. La empresa ha sido galardonada con numerosos premios a lo largo de los años y sus whiskies son apreciados por su suavidad, elegancia y complejidad. Hoy en día, Buchanan's es parte de la compañía Diageo, uno de los productores de bebidas espirituosas más grandes del mundo. La marca sigue siendo fiel a su herencia escocesa y a la visión original de James Buchanan de crear whiskies de la más alta calidad.



Y terminemos con Ballantine's: La historia del whisky Ballantine's comienza en 1827, cuando George Ballantine abrió una pequeña tienda de comestibles en Edimburgo, Escocia. George Ballantine era un apasionado del whisky y pronto comenzó a experimentar con la mezcla de whiskies de diferentes destilerías para crear un producto suave y consistente. Su talento para la mezcla y su don para los negocios lo convirtieron en una figura reconocida en la industria del whisky escocés. En 1863, Ballantine's recibió una Real Orden de Compra de la Reina Victoria, lo que impulsó la reputación de la marca a nivel internacional. En 1895, tras la muerte de George Ballantine, su hijo George II tomó las riendas de la empresa. Bajo su dirección, Ballantine's se expandió a nuevos mercados y se convirtió en una de las marcas de whisky escocés más populares del mundo. En 1910, George II introdujo el Ballantine's 12 Años, un whisky blended que se convirtió en el buque insignia de la marca. A lo largo del siglo XX, Ballantine's continuó creciendo en popularidad y ganando premios por su calidad. La marca ha sido galardonada con numerosos premios a lo largo de los años y sus whiskies son apreciados por su suavidad, equilibrio y complejidad. Hoy en día, Ballantine's es una de las marcas de whisky escocés más vendidas del mundo, con presencia en más de 180 países.






Gaast Gurrea de Whisky Life

 

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