Auge y Caída de la Capital del Whisky
En la época victoriana, Campbeltown era la capital de whisky en Escocia. El renombrado autor Alfred Barnard, viajó allí mientras escribía su libro en 1885 y encontró más de treinta destilerías para visitar. La humareda en las chimeneas de las destilerías y los techos negros de hollín que decoraban las construcciones en Campbeltown eran un paisaje que nunca antes se había visto. Al transitar sus calles el aroma a turba que inundaba el aire, hacia sentir a uno que se encontraba en el paraíso, y lo fue, pero nada dura para siempre. Así como muchas tragedias suceden sin razón, la tragedia de Campbeltown tuvo sus motivos razonables y lastimosamente pasó de ser la capital del whisky a una región casi perdida. De casi 300 destilerías que existieron, ahora con el paso del tiempo, solamente existen tres.
Campbeltown fue fundada en el siglo XVII por el duque de Argyll, principalmente como una zona agrícola en el oeste de Escocia. Pero como era de esperarse por aquellos tiempos, rápidamente se convirtió en una zona de destilación de agua de vida. Por supuesto que, si de destilación hablamos y más en los tiempos que transcurrían, no hablamos de una destilación del todo legal, pues para 1790 Campbeltown tenia una cantidad de más de 300 destilerías ilícitas en su haber. Por su puerto natural y su proximidad a Glasgow, Campbeltown se convirtió en una prospera conexión no solo con Escocia, sino también con Inglaterra, Estados Unidos y Canadá. Era un hervidero de whisky y los barcos tenían como escala obligatoria la península de Kintyre, donde sus tripulantes la mayor parte del tiempo emprendían su regreso ebrios, por la bebida local. Pero como era de imaginarse el reino unido no se iba a quedar quieto al escandaloso movimiento de whisky (la mayor parte ilegal) en aquella región y entre 1797 y 1799 se confiscaron 292 alambiques ilícitos, dando un supuesto duro golpe al whisky de contrabando. Las destiladoras siguieron en lo suyo, aunque para 1815 Campbeltown Distillery se convierte en la primera destilería legal. Si bien los impuestos estaban muy agresivos para con el whisky, la nueva ley en 1823 hizo que se redujeran y luego de ocho años desde la legalización de la primer destilería en Campbeltown, la siguieron 15 más iniciando así un nuevo capítulo para la era dorada de esta región.
La época dorada de Campbeltown surgió durante el 1800. La creciente demanda de whisky y la destilación en grandes cantidades provocaron que tuviesen la mejor renta por cápita de todo el Reino Unido (unas 30.000 libras esterlinas al año). Entre 1830 y 1835 se abrieron unas 13 destilerías más por inversores y mezcladoras (fabricas que producían blends) que buscaban expandirse en el área del whisky y encontraban de forma idónea a Campbeltown para este propósito. Este movimiento tan agresivo de inversores y destiladores provocó una competencia continua en el día a día, y como era de esperarse algunas destilerías caerían con el tiempo. La falta de recursos de pequeños destiladores y a veces también las faltas de ideas, fueron un poco el declive de estas pequeñas empresas. Aunque hubo un cese de construcciones durante 10 años, las pequeñas destilerías no pudieron soportar la presión y muchas se vieron obligadas a cerrar.
Para principios del siglo XX existían alrededor de 20 destilerías en Campbeltown y el whisky prosperó de una manera increíble, en parte por la epidemia de filoxera que había devastado los viñedos en Francia. Por eso se aumentó la destilación por la demanda que ahora había, fue tan así, que las tierras de Campbeltown quedaron completamente vacías, sin recursos para otorgar. Para solucionar este inconveniente un tanto esencial, se envió cebada de lugares tan lejanos como lo son Dinamarca y Rusia. La producción anual era de unos 10 millones de litros de whisky, algo descomunal para aquella época, y la fiebre por hacer más whisky no se detenía allí. Hubo mucha especulación a la hora de comprar whisky para revender y también por parte de las destiladoras para almacenar, lo que generó una sobreproducción excesiva. Las destilerías no solo producían y producían, sino que empezaron a tener cierta complacencia con lo que hacían, no experimentaban, no innovaban, pues su receta en aquellos tiempos era la indicada, la formula perfecta del éxito y ¡por dios! Como se equivocaban. La catástrofe estaba a la vuelta de la esquina, pero había tanto barril de whisky en Campbeltown que no la podían ver.
Uno de los problemas principales que hizo que cayeran 10 empresas relacionadas al whisky fue la quiebra de Pattison´s of Leith, pero ¿Qué era Pattison´s of Leith? Bueno Pattison whisky era un blend que había obtenido su auge cuando los viñedos en Francia fueron devastados por la filoxera. Los hermanos Pattison se expandieron en el negocio de las mezclas y rápidamente se fueron hacía el de la destilación, comprando la mitad de las acciones de destilerías como Glenfarclas, acciones de Aultmore, Oban y Ardgowan, esta ultima una destilería de grano. También adquirieron una cervecería llamada Duddingston. Eran conocidos por sus gastos y gustos estrafalarios y sin medida, gastaban millones en publicidades extravagantes, llegaron a regalar 500 loros grises a vendedores de su whisky, entrenados para repetir "¡El whisky Pattison es el mejor!" o "¡Compre whisky Pattison!". Pero en 1899 su empresa se comenzó a desmoronar, ya que DCL (Distillers Company Ltd. Hoy Diageo) congeló su cuenta después de un saldo impago por 30.000 libras esterlinas. Con esto, se descubrió que la empresa había inflado masivamente sus ganancias a través de practicas contables dudosas y había incumplido varias deudas sustanciales. Entre muchas otras ofensas, estaba la de mezclar whisky barato con una pequeña cantidad de whisky escocés de calidad y etiquetarlo como “Fine old Glenlivet”. Los hermanos fueron juzgados por cuatro cargos de fraude y malversación de fondos en 1901. Después de una hora y media, fueron declarados culpables siendo encarcelados por sus delitos.
Luego de esto, los inversores tambalearon, no hubo más
confianza de ningún tipo y al haber quebrado 10 empresas grandes, el dinero
había desaparecido como por arte de magia. Las destilerías tenían un stock de
whisky inconmensurable, para una demanda que ya no existía, incluso ya cuando
sobre producían, no era tan alta como los ánimos de Campbeltown. El precio del
whisky de la península de Kintyre cayó a la mitad de su valor original en
cuestión de pocos años y como las destilerías de Campbeltown tenían un numero
abismal de whisky, se vio mucho más esta repentina caída. Mientras que un new
make (whisky recién destilado) de Hazelburn se vendía a las mezcladoras a 8
chelines por galón, destilerías como Craigellachie y Ardbeg podían obtener
hasta 18 chelines por galón. Tal era el declive que se vivía en aquella época,
pero lamentablemente eso no era todo lo que le esperaba a Campbeltown.
La llegada de la Primera Guerra Mundial trajo consigo aún más problemas para el whisky de la península de Kintyre. El mercado interno se deprimió, pues se generaron restricciones en la disponibilidad de los cereales, lo que provocó que el whisky como tal se encareciera mucho más. Ninguna destilería produjo whisky durante ese tiempo y muchos inversores y destiladores se fueron a Glasgow o Londres a probar suerte. Encima David Lloyd George, primer ministro inglés, afirmaba que el alcohol era más dañino “Que todos los submarinos alemanes juntos”. Así, el impuesto sobre la producción de alcohol se multiplicó por seis, lo que redujo aún más el consumo, a luz de los precios más altos. La ley seca en Estados Unidos en 1920, fue otro golpe muy duro para Escocia y Campbeltown, ya que el mercado americano era una de los principales países en donde se exportaba el whisky. En 1930, vino la gran depresión, un evento que afectó la economía del mundo drásticamente. En Glasgow el desempleo alcanzó un 30% y la población necesitaba comprar cosas más imprescindibles que solamente whisky.
Con toda esta crisis latente, muchos tomaron
decisiones apresuradas y sobre todo desesperadas, pues eran tiempos en donde no
se podía prever que sucedería al otro día. Campbeltown como era de esperarse,
no dudó en tomar malas decisiones, pero en este marco ¿Quién podría culparlos
por tomar ciertos atajos y reducir costos? Lamentablemente para los
destiladores de “la capital del whisky” estas decisiones terminarían de lapidarlos.
Con el correr del tiempo se había esparcido el rumor que el whisky había sido
envejecido en barricas que había contenido anteriormente arenque, pero esto
nunca se probó. Los destiladores de
Speyside se referían al whisky de Campbeltown como “Whisky de pescado
apestoso”, aunque se cree que era un termino despectivo para con sus
competidores más directos. Sin embargo, lo que, si es cierto, y he aquí los
rumores anteriores, era que Campbeltown ya no producía un whisky de
excelentísimo nivel como años atrás. Por el contrario, ahora su whisky dejaba
mucho que desear y no conformes con eso, también los añejaban en barricas de
mala calidad. Con un whisky pobre y barricas inferiores podemos imaginar los
resultados precarios que se obtenían, tanto fue así que las pocas mezcladoras
que seguían fieles a Campbeltown decidieron obtener su whisky para mezcla en
Speyside. El whisky de esta región había ganado popularidad poco a poco
mientras Campbeltown caía vertiginosamente, sus sabores más ligeros y suaves
estaban en auge, antes que el pesado y turboso whisky de Campbeltown. Aunque la
península de Kintyre no se quedó mirando y rápidamente comenzaron a secar su
cebada con carbón, para darle un estilo más ligero, lamentablemente ya era
tarde para innovar o darles un giro a sus whiskies.
Sumándose a los problemas de Campbeltown, se creó el ferrocarril de Strathspey, permitiendo que las destilerías de las tierras altas tuviesen una llegada más rápida a Glasgow. Todo esto fue arrollador para los whiskies de Campbeltown, ya que muchos destiladores seguían en pie por la ventaja geográfica y de transporte que tenían hasta la llegada de este ferrocarril, todo se había acabado para ellos, ya que el mundo había cambiado y “La capital del whisky” no estaba en los planes de ese cambio.
Como resultado, muchas destilerías sobrevivieron el tiempo que pudieron vendiendo sus excedentes, pero no se destiló una sola gota de alcohol en una década. Para 1935 solo quedaban en pie Springbank y Scotia, y ninguna de las dos destilerías había producido whisky en cinco años. En lo que respecta a la ciudad y su poblado también tuvo resultados devastadores, ya que muchos habían vivido toda su vida gracias al whisky. Muchos trabajaron como apoyo de acarreo, en tonelería, embotellado o incluso en el cultivo de la cebada, pero lo que quedaba de Campbeltown no eran más que destilerías fantasmas, que habían sido gloriosas alguna vez, pero ahora callaban para siempre. Muchos migraron a Glasgow en busca de trabajo y se olvidaron del whisky. Las destilerías cerradas si bien algunas, hoy en día, se pueden encontrar sus restos, la mayoría fueron derribadas y convertidas en proyectos de viviendas, garajes o en simples estacionamientos. Un triste final para una región que dio tanto a la industria del whisky. Pero no todo estaba perdido, pues Springbank y Glen Scotia aún seguían de pie representando al whisky de Campbeltown y con una calidad suprema.
Con el cambio de milenio la Scotch Whisky Assosiation (SWA) comenzó a preguntarse si seguía siendo una buena idea que Campbeltown siguiese con el título de región productora de whisky, ya que solamente tenia dos destilerías activas. Esta noticia llegó como un baldazo de agua fría para Hedley Wright, propietario y descendiente de los fundadores de Springbank y rápidamente puso manos a la obra. Compró Glengyle, una destilería que estaba cerrada y se mantenía en ciertas condiciones óptimas y crearon el whisky Kilkerran. Esta acción por parte de Springbank puso el número de destilerías de Campbeltown en tres, al igual que su vecina Lowland. Por en ende la SWA no le quitó el status de región productora en Escocia. Hoy en día solamente hay tres destilerías activas en Campbeltown: Springbank, Glengyle y Glen Scotia, que nos recuerdan que no es imposible perdurar en el tiempo, pero sí que no es nada sencillo. Detrás de estas destilerías y en el territorio de Campbeltown hay una gran historia, de como un gigante de gigantes puede caer fácilmente sin recuperarse con el tiempo.
Gaast Gurrea de Whisky Life













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